miércoles, 12 de diciembre de 2012

Con la proximidad de mi cuarto quinceañero y la llegada de un nuevo año, tras el cambio de maestra de escuela a feliz jubilada, de madre de jóvenes adultos a consentidora abuela, de alterar mi rutina diaria y subir varias tallas, me di cuenta que era impostergable realizar esa tarea que estaba evitando. Sí, sin remedio, decidí ¡limpiar mi closet!

Parada frente a las puertas me pregunté: ¿Cómo es posible que haya dejado acumular tanta cosa que no uso ni necesito? Como maestra de teatro, sabía que toda pieza pasada de moda, podía servir en una obra, ya sea como vestuario o utilería. Y que aquello que guardara por años, lo iba a necesitar el día después que lo botara. Pero estaba decidida a tomarme el riesgo. Lo que no pensé es que con cada pieza sacada del clóset, salían también recuerdos perdidos, la nostalgia de momentos idos y aquella frase, cierta o no, que decía mi abuela: “todo tiempo pasado fue mejor”.

Allí estaba el traje que usé para la boda de mi hijo. Un traje sencillo, sobrio, tal como fue la recepción en la casa de la novia, en Argentina. Qué nervios ¡yo era la madre del novio! Era el menor y el primero que se casaba. Como invitados especiales teníamos a los periodistas del diario Primera Hora que habían convertido a Juan Noel en un “Boricua en la luna”. Para entonces, ambos estudiaban en la Escuela de Teatro de San Miguel, donde se conocieron. Quién me hubiera dicho que, seis años después, regresaría a casa bendiciéndome con dos nuevos nietos. Junto al traje, toda esa “ropa de invierno” que por razones obvias me sobra en la isla, y los abrigos que sí conservé, por si algún día, mi Buenos Aires querido, “yo te vuelva a ver”.
​A ese traje lo siguen una camisa violeta y dos en blanco y negro que me entristecen. Las compré para el velorio y entierro de mi titi. Al lado está también el vestido que usé para asistir a una obra de teatro, culminación de un taller, que me dedicaban esa misma semana. Recuerdo que al despedirme de Titi el domingo anterior me acordé que no le había dicho sobre el homenaje, pero me fui pensando: “se lo cuento el próximo domingo”. No hubo más domingos. Se me fue el viernes, callada, tranquila, ni siquiera sé si escuchó, desde el lecho, nuestro adiós.

Un sentimiento muy distinto me evoca una camisa de líneas rosas y blancas. Con ella me retraté en uno de los paisajes más hermosos de este planeta. Mis vivencias no se van al cesto con ella. Los que sí se van son un montón de pantalones y blusas que tuve la esperanza de un día volverme a poner y ahora tengo la certeza de que nunca lo haré.

Añado otro conjunto; lo usé para el rencuentro de mi clase graduada. No sospechaban nuestros diecisiete años, al despedirnos en los “70”, que cada uno tomaría rumbos no imaginados y que la mayoría de nosotros, juntos desde los años primarios, no volveríamos a vernos hasta cuarenta años después.

Y así seguía sacando piezas del fondo, muy al fondo: la ropa que escogí para conocer a un amigo virtual a quien quería dar una buena impresión, la sudadera que heredé de mi madre con el logo de nuestro equipo de béisbol y que había que usar para ganar, la camiseta que traje de souvenir de ese paseo inolvidable, de ese rinconcito que visitamos que tanto nos emocionó, el ajuar que usé para lucir especial en una noche especial con esa persona más especial aún, y aquella otra que jamás volví a tocar pues era la imagen de la decepción y la rabia.
Todo el pasado encerrado en un clóset, reflejado en los artículos guardados y olvidados. Lleno, como también se nos llena el alma de tiempos pasados sin dejar lugar para los que vendrán.

Es Navidad. Época de renovación, de borrar lo malo y afirmar lo bueno. En lo espiritual y en lo físico. Deshacernos de todo lo que nos moleste, nos atrase, nos amarre. ¡Fuera rencores, frustraciones, desengaños, fracasos! Es hora de volver a soñar, a planear, a ilusionarse, a fijarse metas. Sí, ¡es Navidad! Final y comienzo. Otra oportunidad para empezar a acumular nuevos y mejores tiempos. Hagamos espacio. ¡Viene el mañana!

Elsia Cruz Torruellas
Escribiendo en voz alta
http://siluz.blogspot.com/
12-12-12




8 comentarios:

  1. Wow, Elsia me has echo recordar que tambien tengo que hacer la misma limpieza en mi closet.. obvio que sin tantos lindos recuerdos de tus dias como maestra de teatro :) pero si comparto el mismo cariño por la tierra del tango y el mate

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  2. usualmente limpio mi closet cada seis meses, no soy muy amante de guardar recuerdos excepto algunas fotos de personas queridas e inolvidables.En ese sentido soy bastante practica en mi vivir.. menos es mas :)

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  3. Este escrito me encanta! Yo tengo un closet full de cosas que ni uso, pero me traen recuerdos hermosos y no quiero salir de ellas. Gracias por escribir, leer y compartir. Abrazo!

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  4. Gracias a ustedes por leer y comentar, y muy especialmente a Jeannette por la idea de este intercambio. Recuerden pasar por Escribiendo en voz alta para leer el escrito de Milly: http://siluz.blogspot.com/

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  5. No veo el comment que hice aquí..pero por si acaso. Me encantó!! Me pasa muy seguido...estoy haciendo resaca y las cosas me traen muchos recuerdos...a veces sigo gusrdando hasta que cierro el círculo y un día miro el objeto y no produce ningun efecto en mi...

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  6. ¡¡Bello cada detalle!! Me identifico con las descripciones, con la ternura, con la nostalgia de cada uno de los recuerdos... a veces olvidados, a veces escondidos, a veces solo apartados como resistencia de ser retenidos.

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